La autonomía universitaria y sus límites

La lucha por la autonomía universitaria tuvo su inicio en la necesidad de preservar las ideas y el conocimiento libres.
Desde antes de la independencia, las universidades públicas eran los centros de elaboración de objetivos de libertad. En la República también se aportaba desde allí las soluciones a problemas de un país naciente. Más tarde, fueron las universidades la trinchera desde donde se defendían los intereses de la patria. Los recursos naturales tuvieron en ese recinto el apoyo teórico para que sirvieran al país. También, y con lo mismos objetivos, se formaron en sus aulas muchos partidos políticos y teorías sociales con contenido popular y de justicia social.
Para preservar este foro libre se luchó y consiguió la autonomía universitaria.
Llegada una democracia durable, a la que también contribuyeron de manera significativa las universidades, la autonomía fue cayendo en una isla administrativa disputada como un botín político.
Las ideas fueron sustituidas por los intereses pequeños, pero con grandes sumas de dinero.
Todo movimiento o estructura útil en su momento, cambia según cambia la historia. Pero, en el caso de la universidad pública, no sucedió esto.
Continuó la defensa a ultranza de la autonomía, pero no para seguir siendo el territorio libre de las ideas.
Ahora, con un sistema democrático relativamente consolidado, desde allí debía proponerse una reforma que contribuya a la solución de los grandes problemas de Bolivia. Pero, ya desde la disputa mezquina de su administración, se limita a defender su presupuesto, y en él unos salarios ofensivos para el resto de la sociedad.
Se debe recordar que es el Estado el que sustenta económicamente a las universidades públicas y el control de sus finanzas no debe estar cubierto (o encubierto) so pretexto de su autonomía. Hay, por cierto, centros de investigación científica que contribuyen al desarrollo tecnológico del país, pero se siente que su alcance es limitado.
Siempre ha sido un lema universitario el acercarse al pueblo, pero hasta ahora no pasó de ser una intención.
Si se debe mantener la autonomía univesitaria, sus autoridades y colectivos de estudiantes deben retomar sus olvidados objetivos y generosidad.

Nota : Opinion

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