miércoles, 28 de diciembre de 2011

Mitos del proceso de cambio

Para un iconoclasta y heterodoxo, lo sagrado es como la luz del sol que eclipsa los ojos de aquellos que prefieren vivir en la oscuridad por miedo al conocimiento. Me refiero a esas personas que mantienen mitos para solapar intereses, elementos léxicos para disfrazar la realidad o modelos mentales para vivir en un mundo de eufemismos. Razonemos juntos sobre algunos de ellos.

La coca.- ¿Por qué dicen que es sagrada? ¿Porque es medicinal? La manzanilla también lo es, pero nadie bloquea ni se desespera por tener su cato de manzanilla. Lo propio sucede con el anís, el toronjil o la wira wira. ¿Es sagrada porque es milenaria? El toborochi, la kantuta, la yareta, los helechos también lo son y no hay mercado ilegal de ninguna de estas plantas. ¿Es sagrada porque sirve para adivinar la suerte? El plomo, el café, el cigarrillo, los naipes también son utilizados para adivinar el futuro y no escuché a ningún yatiri o pitonisa hablar del sagrado plomo o naipe. ¿Es sagrada porque tiene alto valor nutritivo? La quinua, el tarwi, la cañahua son tan o más nutritivos que la coca y ningún productor se ha ufanado de esta realidad científica. ¿Es sagrada porque ayudó a resistir a los pueblos indígena originarios durante siglos? La papa, el chuño, la tunta, el maíz también sustentaron la supervivencia, pero ¿quién irrumpe parques y reservas forestales para sembrar más papa o maíz? Entonces, ¿por qué es sagrada? Tal vez tenga usted una respuesta.

Originario.- ¿Cuán originarios somos? Los aymaras visten a lo occidental; sus mujeres usan polleras derivadas de las largas faldas sevillanas y sus joyas son producidas en los Andes, pero son universales. Bailan la morenada con instrumentos extranjeros como la trompeta, el sacabuche, el trombón; claro, preservan sus instrumentos de viento, pero los archivan cuando se trata de armonizar el esqueleto a la monótona pero atrapante villera o sacudir el cuerpo con la exuberante cumbia. ¿Y los quechuas? Casi todos tienen apellidos ibéricos y les gusta el acordeón, el saxo y la guitarra, tres instrumentos nacidos en cualquier parte, menos en Bolivia, aunque para consuelo está el casi originario charango, que por cierto es resultado del achicamiento de la guitarra. ¿Dónde quedó lo originario? ¿En el pensamiento? ¿En la cosmovisión? ¿Cuál cosmovisión? ¿La neoliberal? ¿El comunitario?

Jefazo.- La historia demuestra que en la vida nadie es irremplazable, ni Dios, según demostraron Schopenhaur y Nietzsche; todo cambia, todo muta, todo fluye, y si alguien se cree insustituible, en realidad teme al ninguneo del prefijo ex, y si alguien le hace creer, en realidad sólo preserva su pega. Ergo, pensar que un proceso se acabará con la partida de un jefazo es como creer que mañana no saldrá el sol porque lo vaticinó un meteorólogo. Se irá él, pero no los que llegaron con él, éstos se quedarán con otro color de camiseta o ideología. Ya están en la sala del poder y de ahí no se moverán ni los sacarán por el resto del tiempo. El poder funciona mejor con los indígena originario campesinos, sean de derecha, izquierda o centro.

MAS.- No es el instrumento absoluto de los movimientos sociales ni de los indígenas pobres, es un partido de la burguesía cobriza como lo fue el MNR de la burguesía blanca. Por ello es gobernado por Edwin Tupa, empresario de motorizados; Fidel Surco, empresario de transportes; e Isaac Ávalos, propietario de tierras. No es condenable su ubicación económica en el aparato productivo, sino su apariencia de ser lo que no son: representantes de los sectores más desposeídos, de aquellos que no tienen ni un quinto para un auto chuto.

Coca, originario, jefazo y MAS son los léxicos clave que ciegan la inteligencia de los secuestradores del proceso de cambio, quienes piensan en las próximas elecciones mas no en las próximas generaciones.

Andrés Gómez Vela es periodista.

Nota: eforo

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