viernes, 10 de febrero de 2012

Un troll y dos patentes contra la web



  ¿Quién posee la red? - preguntó el juez a Tim Bernes-Lee este martes en una corte de Texas. Nosotros - él respondió.
Muchos entendemos bien el peligro de las patentes para la innovación y el bien común, incluyendo al inventor de la world wide web y quien decidió no patentar la invención que cambió al mundo para garantizar su desarrollo y beneficio común. Las patentes, especialmente de software, no tienen sentido , Como todos ya sabemos el sistema de propiedad intelectual que se impulsa en Estados Unidos es llevado diariamente al límite de lo aceptable y lo tolerable..Pero esta vez, lo que está en juego es nada más ni nada menos que la web.
Eolas Technology es la compañía de Michael Doyle, un biólogo de la Universidad de California, que clama la invención de la web interactiva y los métodos de distribución de hipermedia a través de objetos de datos. Su
fundamento son dos patentes que le fueron otorgadas: según la patente número 5838906 en 1998 y la número 7599985 en 2009.
Entre los demandados se encuentran Amazon, Google y Yahoo, a quiénes se les reclama el pago de regalías por las funciones interactivas que sus servicios infringen, como las funciones de búsqueda y muchas otras que se realizan a través de navegadores, como el stream de video.
Eolas no es el único caso de sham litigation que a dado de que hablar únicamente. Imposible olvidar el espectáculo de FUD de Righthaven y también sucedido en Estados Unidos recientemente. Valdría la pena preguntarse qué es exactamente lo que incentiva el sistema de propiedad intelectual. ¿La innovación? o simplemente demandas y juicios sin sentido alguno.
Eolas, es un vil troll de patentes, es decir una compañía dedicada a la litigio oportunista con el único fin de obtener beneficio económico ya que jamás han desarrollado un navegador o productos relacionados con la tecnología que dice poseer. Además, la compañía se reubicó en Texas para poder promover este caso. Texas es un estado que funciona como paraíso para establecer compañías que se dedican a comprar grandes portafolios de patentes con el único propósito de utilizarlas para demandar a grandes compañías.
El litigio lleva varios años, de hecho, en el 2004 Microsoft tuvo que pagar $565 millones a Eolas. Lo cual sentó un mal precedente definitivamente. El caso al parecer va muy bien que digamos, por lo cual el mismo Bernes-Lee tuvo que ir a testificar a la corte.

Volver al futuro

Claramente, tengo preocupaciones acerca del sistema de patentes de EUA — y esta patente en particular es clave para aumentar estas preocupaciones.
Lo anterior es parte del testimonio en la corte de Tim Bernes-Lee el pasado martes al responder a la facciosa pregunta de ¿Esta usted consciente de que en Estados Unidos sí se otorgan patentes de software?. Desgraciadamente, diría yo.
Me impresiona mucho que en toda la información referente al caso no se mencione a Samuel Morse. Casualmente la semana pasada recibí el nuevo número de mi revista preferida: Cabinet. En este número, se publica un ensayo de Alain Pottage acerca de Samuel Morse y la disputa de patentes alrededor del telégrafo, el uso de patentes como agente monopólico y su fallido intento por patentar el electromagnetismo, una propiedad de la electricidad que según Morse, él había inventado.
El ensayo relata que Morse concibió el telégrafo durante un viaje marítimo, en donde una platica con el químico Charles T. Jackson despertó su inspiración durmiente acerca de las propiedades de la electricidad y el electromagnetismo.
Según Pottage, Samuel Morse además de inventar el artefacto que logró diferenciar la comunicación de la información así como la telecomunicación del transporte — también creó un monopolio de telecomunicaciones en torno a su invención. Su compañía Magnetic Telegraphic Company vendía licencias para poder construir líneas de telégrafo, además de demandar por infracción de patentes a sus competidores para mantener su monopolio, no solo de repetidores de información, sino de la comunicación y transmisión de información. Suena tan 2012….
Henry O´Reilly, dueño de un periódico, tenía una licencia de Magnetic Telgraph company y decidió extendió su red de transmisión utilizando el telégrafo automático de Bain en 1851, el cual utilizaba tecnología significantemente distinta a la de Morse — aunque el mismo principio: el electromagnetismo. Morse demandó por infracción y ganó. También compro la patente de la invención de Alexander Bain después del juicio. Este fue quizá el primer monopolio de telecomunicaciones tal y como lo conocemos en nuestros días.
Citando las palabras de Thomas Jefferson:
Es a la invención de una máquina en sí misma a la que se le da un derecho de patente, no a su aplicación ni a ninguno de los particular propósitos a los que es susceptible.
Pottage escribe en su ensayo:
La invención del telégrafo transformó la naturaleza de las invenciones. La antigua distinción legal entre tangible e intangible se convirtió en una expresión de la división arquetípica que el telégrafo hizo entre comunicación y cosas, tiempo y espacio o materialidad e inmaterialidad.
Dados los efectos de la telegrafía en el comercio y la diplomacia, las telecomunicaciones se convirtieron en el medio sobre el cual las nuevas leyes y convenciones de patentes y copyright fueron negociadas e implementadas.

Patentes = Uróboros

 El símbolo del Uróboros es quizá la explicación más simple a las consecuencias de que en Estados Unidos se otorguen patentes a gente que se quiere pasar de lista y que desafortunadamente, encuentra en el sistema de propiedad intelectual las herramientas necesarias para clamar propiedad sobre la aplicación o combinación de múltiples procesos, ideas, creaciones, cultura e innovaciones que en realidad son patrimonio de todos, como el internet.
El caso de Morse, muestra claramente (y de nuevo) que aquel con los derechos de una patente (o una obra) no es necesariamente el creador sagrado de una tecnología — simplemente quien tiene el monopolio para explotar y controlar dichas invenciones y creaciones.
Desde siempre, la propiedad intelectual ha promovido prácticas monopólicas que ponen en peligro innovaciones — que en muchos casos— superan a sus antecedentes. La demanda de Eolas es una prueba más de la distorsión de la ley que se hace en nombre de la propiedad intelectual para abusar de otros y en este caso, de la humanidad entera y su internet.
La sociedad y sus redes siempre han sido interactivas… Oh ANT!. La web es solo una extensión de este proceso social. Basta ver el elemental dibujo de la patente de Eolas, para entender que lo que pretende es hacernos pensar que el proceso de interacción entre redes de máquinas y seres humanos para poder comunicarse, tiene un dueño. R.O.F.L

El caso O´Reilly vs Morse es un precedente que se utiliza aún hoy en día para explicar que una idea es independiente de su implementación, por lo tanto, no son elegibles para ser patentadas. La gran diferencia entre el troll Morse y el troll Doyle, es que éste último jamás ha desarrollado la invención sobre la cual tiene la patente y que quiere proteger. Nada. Su incentivo es la avaricia, nada más.
La interacción en la red es claramente un idea demasiado abstracta. Aunque los esquemas Doyle explican procesos interactivos de texto y video a través de una red, la pregunta fundamental aquí no es si Eolas está abusando y distorsionando la ley (esto es claro) — lo que hay que preguntar es ¿quién fue el idiota que otorgó estas patentes?.
Es más que claro que el sistema de propiedad intelectual protege a gente abusiva, no creadores ni innovadores. Es un desastre. El de Estados Unidos aún más, siendo las patentes una de las partes más esquizofrénicas y conflictivas.
La serpiente devorando su propia cola como modelo de negocio. Qué innovador…


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