lunes, 23 de abril de 2012

En El Alto hacen desde freidoras hasta chancadoras de mineral



    Quinteros muestra una freidora de papas fritas.
      Fotos; Wara Wargas/ Página Siete

      En la urbe alteña florece una industria de metalmecánica


      TALLERES El crecimiento demográfico y la mano de obra existente impulsan al sector, cuyos representantes dicen que pueden hacer cualquier modelo que les pidan.



    En El Alto, los diseñadores de las máquinas hechas en talleres de metalmecánica suelen copiar modelos y realizar innovaciones a partir de diseños ya creados. Prefieren no registrar sus trabajos en el Servicio Nacional de Propiedad Intelectual (Senapi) porque, dicen, los trámites demoran.

    Eduardo Aguilar, quien tiene su taller en el centro de El Alto, no cree en las patentes y dice que "como somos un país tercermundista no podemos patentar nada casi, porque todo lo que llega de afuera agarramos, copiamos y lo tratamos de fabricar". 

    Su colega Edith Miranda, representante de MaquinBolivia, afirma que no registran sus innovaciones debido a que el trámite "es muy burocrático y nuestro tiempo se ve limitado". 

    "No he ido a registrar hasta el momento. Uno por el tiempo y otro por la burocracia que existe", acota Rolando Quinteros, quien tiene su taller cerca del cruce a Viacha.

    En la vecina ciudad es costumbre que las empresas dedicadas al rubro copien modelos o incluyan mejoras pedidas por el cliente a diseños existentes. 

    Página Siete visitó seis empresas instaladas en El Alto y conoció que en algunos casos los interesados visitan los talleres, pero no para comprar, sino para ver las máquinas o sacarles fotografías, conocer el mecanismo y luego poder fabricarlos ellos mismos. 

    Incluso hay casos en los que gente compra las máquinas para desarmarlas y conocer su estructura y luego fabricarlas por su cuenta. 

    Miranda acota, sin embargo, que ve un lado positivo. "La copia es buena, porque eso nos genera desarrollo y me obliga a mantenerme en el mercado con innovaciones. Entonces, indirectamente hay desarrollo y un mejoramiento tecnológico", afirma.

    Isaac Rojas, de la empresa Ris, comenta que tuvo que enfrentar un proceso judicial debido a que una persona a la cual le vendió una productora de malvaviscos registró el artefacto a su nombre y por ello tuvo que enjuiciarla. 

    Andrés Daza, director de propiedad intelectual de Senapi, explica que el trámite para registrar una creación puede durar hasta dos años, debido al procedimiento del registro que implica encontrar al especialista del área de invención. 

    "A veces tenemos muchas patentes y no tenemos al examinador. Hasta tener a esa persona, el proceso puede tardar". 

    No obstante, el registro da al diseñador el derecho de uso y explotación, la prohibición para que otra persona fabrique la máquina e incluso la posibilidad de iniciar una acción penal. 

    Para este sector se puede registrar la obra en tres categorías: invenciones, que se aplica a una máquina que no existe en el mundo, y tiene un costo de 1.000 bolivianos y dura 20 años; los modelos de utilidad que se dan a los diseños que se crearon a partir de una máquina existente, pero que se les incluyó nuevas funciones, y el diseño industrial, que protege a la parte estética. Estos dos últimos tienen una duración de diez años.

    Apuntan a lograr un horno fundidor

    Los metalmecánicos, agrupados en torno a la Asociación de Industriales Metalmecánicos de El Alto (Asimental), tienen proyectado instalar un horno de fundición, que requiere una inversión de dos millones de dólares.

    "La finalidad es recuperar esa chatarra que están llevando a Perú, a España y otros países. Ya recuperando y dotarnos con material que necesitamos al fundir la materia prima", explica Segundino Escóbar, presidente de esta organización, que cuenta con al menos 20 miembros.

    El proyecto incluye el establecimiento de esa estructura en un terreno de más o menos 10.000 metros cuadrados.

    El sitio podría estar entre las ciudades de Viacha y El Alto. La idea es que Asimental compre el terreno, como contraparte, y se buscaría un financiamiento para adquirir el horno para fundir los metales.

    "Lo que necesitamos es apoyo económico un poco flexible y con un poco de tiempo. No es que queremos que nos regalen, vamos a pagar. Lo que queremos es el financiamiento para el horno de fundición para producir materia prima", dice el representante.

    Escóbar dice que el sector cuenta con una ordenanza del Concejo Municipal de El Alto para hacer viable su proyecto, pero que aún está tardando en concretarse.

    El dirigente resalta que un horno de fundición dará fuentes de trabajo a muchas personas, gracias a empleos directos e indirectos. Escóbar está dedicado a la fabricación de repuestos para máquinas que producen tubos.

    Fuente : El Alto

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