lunes, 22 de septiembre de 2014

Industrializar Bolivia

Pamela I. Quintanilla

Bolivia tiene una inmensa riqueza natural, que incluye recursos hidrocarburíferos, minerales, agrícolas, ganaderos, forestales, entre otros; mientras que el porcentaje de su población en edad laboral supera el 60%. Sin embargo, bajo estas condiciones, las empresas manufactureras representan apenas el 7,59% de la actividad económica del país, y el nivel de industrialización llega sólo a 16,5%.
¿Qué ha limitado la industrialización en Bolivia? Se puede resaltar tres: 1) la falta de una política sólida y a largo plazo de fomento a la inversión privada; 2) las limitaciones para exportar, y 3) la falta de capital humano altamente calificado.
Las empresas manufactureras en Bolivia, sean pequeñas, medianas o grandes, no están dispuestas a invertir más que lo estrictamente necesario para subsistir, porque no tienen garantía de que su inversión será recuperada o si se les será permitido obtener una ganancia justa. 
Día a día las industrias deben enfrentarse al riesgo de ser nacionalizadas o ser tomadas por sus sindicatos y, por tanto, perder todo lo invertido.
La Ley General del Trabajo, por su parte, es justa únicamente con el sector obrero, dejando de lado al resto de los empleados y, más aún, dejando de lado los intereses de  las industrias.
Este aspecto a dado lugar a que se genere el mínimo de empleos y a que los profesionales más calificados decidan salir del país.
El contrabando, el alto grado de informalidad y la política de control de precios son otros aspectos que restringen la inversión privada. Las empresas industriales en general deben importar parte de sus insumos o materias primas para poder producir sus productos.
Sin embargo, a la hora de poner estos productos en el mercado, deben competir con productos similares de contrabando y, además, someterse a la política de control de precios establecida por el Gobierno, hecho que impide obtener una rentabilidad justa e, incluso, cubrir sus costos de producción. 
Adicionalmente,  muchas veces las industrias deben lidiar con paros o bloques, que sólo incrementan los costos de importación y reducen el nivel de satisfacción de los clientes.
Todos estos aspectos sacan a relucir la necesidad de que el Estado, junto al sector privado, diseñen políticas que abarquen leyes y acciones concretas para fomentar la inversión privada en el largo plazo.
Con un mercado de siete millones de habitantes (población en edad laboral y, por tanto, con cierto poder adquisitivo), y considerando el nivel de vida e ingresos de cada habitante, Bolivia se convierte en un mercado poco atractivo para productos de alto valor agregado, tales como la quinua o las fibras naturales de camélidos.
Así, las empresas dedicadas a la fabricación de productos de alto valor agregado deben apuntar a la exportación si quieren sobrevivir en el largo plazo. Sin embargo, la burocracia, los conflictos sociales, las restricciones a las exportaciones y la falta de apoyo (monetario, de relaciones, de acuerdos, etcétera) limitan considerablemente el desarrollo y crecimiento de las empresas manufactureras.
La falta de profesionales altamente calificados es otro de los desafíos que la industria
boliviana debe afrontar. Es normal escuchar con frecuencia que "x” o "y” empresa debe
traer técnicos de diferentes países del mundo para solucionar problemas de su línea
de producción, máquinas, entre otros.
Este hecho no es consecuencia de la falta de universidades o institutos técnicos, sino de la falta de vinculación que existe entre éstos y el sector industrial. Las universidades realizan anualmente un considerable número de investigaciones científicas; sin embargo, casi ninguna está orientada a resolver algún problema del sector industrial.
Por otra parte, un reducido número de profesionales tiene acceso a programas de especialización, no sólo en el extranjero, sino en el mismo país, y ésto no es consecuencia únicamente del aspecto económico, sino también de la oferta que existe.
Las universidades tienen muy pocos convenios con universidades del mundo.
Bajo el escenario descrito, el sector industrial manufacturero en Bolivia parece tener un futuro no muy prometedor, a pesar de tener ciertas condiciones favorables para su desempeño.
Sin duda, el tema que más preocupa a futuro es la política de fomento a la inversión privada, pues de no mejorarse todos los aspectos antes mencionados están destinadas a desaparecer o considerar un cambio de hogar.
En este sentido, la generación actual de jóvenes profesionales, en la que se incluye la autora del presente ensayo, tiene como tarea principal, a partir de ahora y, a futuro, mejorar las condiciones del actual escenario, desde el punto en el que se encuentre.
 
Pamela I. Quintanilla Cupe es ingeniera industrial ganadora del I Concurso de Ensayo Industrial ¿Cómo industrializar Bolivia

Fuente : Pagina Siete

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