miércoles, 5 de noviembre de 2014

Los niños 'ganan': Bolivia, diez años, edad legal para trabajar

Un niño seca un bol en el puesto de comida donde trabaja en La Paz. (Reuters)

Probablemente la canícula de julio hizo que esta noticia pasara desapercibida para una buena parte de la prensa española, con la única excepción de El País, siendo como es una información de sustancia. Tremenda, me atrevería a decir.
Contextualicemos.
El pasado 17 de julio, el Parlamento de Bolivia aprobó una ley que legalizaba el trabajo desarrollado por chicos y chicas de diez años de edad en adelante, cuatro por debajo de las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo, que fija el umbral mínimo en los catorce. Se convertía así en el único estado del mundo mundial en establecer un requisito de edad tan bajo para este menester, nunca mejor dicho.
Quizás lo más sorprendente de la iniciativa legislativa es que no fue promovida ni por el Gobierno ni por entramados empresariales sórdidos, deseosos de explotar mano de obra tan barata. Ni siquiera por ONG voluntaristas. Qué va. El principal impulsor fue la llamada Unión de Niños, Niñas y Adolescentes Trabajadores de Bolivia, en su acrónimo: Unatsbo. Un ‘sindicato’ que no cedió en su presión hasta que la norma vio finalmente la luz, reuniéndose con parlamentarios de todo signo e incluso con el propio Evo Morales tras un rechazo inicial en diciembre de 2013 que condujo a importantes movilizaciones callejeras.
Al final sus esfuerzos dieron el fruto deseado. Unatsbo consiguió que se reconociera como legal, a partir de los dos lustros, el trabajo por cuenta propia, entendiendo como tal, por ejemplo, el limpiar las botas, transportar mercancía o acompañar a familiares a vender al mercado y, desde los doce, el realizado por cuenta de terceros, con determinadas condiciones de permisos parentales, remuneración mínima, horario máximo, condiciones laborales y actividad a desarrollar. Algo difícil de garantizar en un entorno en el que la inspección peca de inexistente (1 inspector por cada 10.000 infantes) y la denuncia puede acabar con la vida del denunciante.
Sea como fuere, para los partidarios de la idea no supone más quenormalizar una realidad, de facto, ampliamente extendida por el país.
Se calcula que, en la actualidad, el trabajo infantil en Bolivia alcanza a un 10% de la población –un millón de un total de diez millones de bolivianos, con un 58% por debajo de los 14 años de edad– siendo el único medio de subsistencia para muchas familias en las que la desestructuración familiar, el abandono sistemático del hogar por parte de los progenitores o lacras como el alcoholismo y la violencia doméstica obligan a muchos menores a sacar las castañas del fuego a madres y hermanos.
Desde ese punto de vista, la norma sería un avance. Más cuando el propio código fija una serie de iniciativas que, en teoría, perseguirían “erradicar esta situación en cinco años”.
Siendo ese el objetivo, mal comienzo parece legalizar la situación.
La realidad es que no deja de ser todo un disparate, que no es de extrañar viniendo de quien viene. Al final lo que se hace es dotar de carácter estructural una situación que aleja a los niños de las escuelas, los condena a trabajos precarios y sueldos míseros casi de por vida, les niega la posibilidad de progreso a través del estudio (algo que se contesta demagógicamente desde el fomento del ‘emprendimiento’ que se infiere de su tarea) y, en definitiva, los convierte en sujetos susceptibles de fácil manipulación por parte de los gobernantes de turno.
Mejor darles un pez que enseñarles a pescar con planes de infraestructuras, escuelas primarias y de formación, microfinanciación, planes de prevención o de educación sexual. Sale más rentable electoralmente hablando.
Acabo.
Con una provocación.
Este es un post para que lean con sus hijos. Es bueno que sepan que hay otra realidad tan cruda como esa. Viven demasiado anestesiados y sobreprotegidos. El mundo es feroz. Un niño de diez años aquí y allí son iguales físicamente hablando. Pero son mundos distintos por lo que a su comprensión de la vida, retos y dificultades se refiere. Lo que sucede en Bolivia es censurable, infancias robadas. La creación de monstruos que solo tienen derechos y carecen de obligaciones desde la más tierna infancia en las sociedades desarrolladas, también.
Y no serán menos desgraciados que aquellos, se lo aseguro.
Food for thought.

Fuente : El Confidencial

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