lunes, 27 de febrero de 2012

Desde la tierra: Defensa de la vida


De tanto en tanto, aumenta la intensidad de campañas favorables al aborto, a legalizarlo. Uno de los grupos más activos se autodefine como "católicas por el derecho a decidir", cuyo nombre, aparentemente, indica que mujeres de esa confesión también apoyan el corte voluntario de la vida de un infante.

El asunto del aborto se puede enfocar desde distintas aristas. Una de ellas es la referida a la salud de la madre, y/o del niño, pues existen embarazos que ponen en peligro la vida de alguno de los dos o de ambos. Casos dolorosos pero inevitables, como tantos otros dramas de cada existencia.
Se acude a la ciencia para explicar que una mujer puede abortar voluntariamente hasta determinado número de días (de semanas) de gestación. No solamente se argumenta que esa operación no afectará a la madre, sino que se presupone que hasta ese momento el feto es susceptible de terminar en un basurero: no tiene vida. Hasta ahora no encontré un documento que me convenza de ello: ¿quién define en qué instante una criatura tiene alma, espíritu? ¿Por qué un ser más pequeño que la cabeza de un alfiler, mas con todas las características de persona, es considerado materia desechable?

La defensa más cerrada del derecho de las mujeres a abortar la asume el movimiento feminista, sobre todo el occidental, con raíces ideológicas izquierdistas. Aunque fue el capitalismo más salvaje el que alentó el control de la natalidad en los países pobres. El rechazo mayor al aborto lo representan las iglesias y los grupos ideológicos más conservadores, oposición que muchas veces está barnizada con un fundamentalismo religioso que poco tiene que ver con las enseñanzas de Cristo.
¿Por qué una mujer es dueña de la vida que germina en su ser? Es algo que tampoco nunca entendí. Un nuevo ser es fruto de dos seres humanos. ¿Por qué yo, mujer fecunda, puedo argüir que es mío ese ser: ahora diminuto, mañana una criatura, después un adolescente? ¿Cómo puedo apropiarme de una criatura del Señor?
El discurso de dejar todo el derecho a la mujer repercute en una creciente sensación y acción: entonces también toda la responsabilidad está en sus manos. Cada vez menos hombres se hacen responsables de sus hijos: ¡para eso están las mujeres!
Las campañas a favor del aborto no suelen debatir el trauma que queda en muchas madres después de abortar, más allá de cualquier noción de pecado. Aparentemente, el sentimiento atávico de la maternidad es mucho más profundo de lo que conocen los activistas pro aborto.
Últimamente, con muchos testimonios, corrientes terapéuticas alternativas, como la regresión y -sobre todo- la llamada "constelación familiar" detectan casos de abortos detrás de enfermedades que sufre la mujer que abortó, sus otros hijos o sus familiares de primera, segunda, tercera generación. La ausencia de duelo, peor en casos de abortos silenciados, afecta las emociones profundas de una madre, sea creyente o no, y ello repercute en su bienestar físico.
La nueva Constitución Política del Estado deja abierta la puerta para legalizar el aborto y muchas de sus defensoras están ahora en el poder. Las leyes humanas pueden ir por diferentes senderos, la oportunidad a la vida es una sola.


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