lunes, 10 de junio de 2013

El presidente Evo Morales, en dos ocasiones importantes, ha reconocido públicamente que hizo trampa

El presidente Evo Morales, en dos ocasiones importantes, ha reconocido públicamente que hizo trampa

El presidente Evo Morales, en dos ocasiones importantes, ha reconocido públicamente que hizo trampa. La primera vez fue respecto de la promesa que realizó en 2008 sobre no postularse a una tercera gestión presidencial.


El presidente Evo Morales, en dos ocasiones importantes, ha reconocido públicamente que hizo trampa. La primera vez fue respecto de la promesa que realizó en 2008 sobre no postularse a una tercera gestión presidencial. Ese compromiso ocurrió en el marco de las negociaciones para aprobar, en el Congreso, las reformas a la nueva Constitución Política del Estado, en octubre de 2008. Se comprometió, a cambio de que la oposición aprobara la nueva Constitución, a no ir a las elecciones en 2014. Luego, al anunciar que incumpliría su promesa, expresó que le había “hecho trampa” a la oposición.

La segunda ocasión importante ocurrió recientemente, al hablar de las tensas relaciones que el país tiene con Chile. Esta vez afirmó que él le “hizo trampa” al presidente chileno, Sebastián Piñera, ya que, supuestamente, le hizo ingresar en contradicciones con respecto a Bolivia en sucesivas declaraciones.

Es, para empezar, extraño que una persona se vanaglorie de “hacer trampa”, cuando se supone que el actuar rectamente es un valor que todos defienden, por lo menos formalmente. Pero en el caso del Presidente del Estado es ya, más que extraño, lamentable.

¿Por qué se debe actuar bien? ¿Por qué se considera a la honestidad como un valor y a la mentira como un antivalor? Porque el resultado global de la franqueza para el conjunto de la sociedad es mayor que el de la trampa o la mentira. Una persona podrá lograr alguna ventaja si actúa mal, pero para el conjunto de la sociedad los resultados serán negativos. Si la gente hace trampa, entonces sube la desconfianza entre todos; si las personas hacen trampa entonces no se puede llegar a acuerdos con facilidad; si el ciudadano hace trampa entonces la palabra pierde valor. En resumen, una de las condiciones de una buena convivencia social es la confianza, especialmente en la palabra empeñada.

Eso es lo que ocurre con el Presidente, hoy por hoy. Su palabra está en duda. Como ya engañó en 2008 para poder postularse a una tercera gestión, podría ser también que quiera volver a hacerlo para gobernar hasta 2025. No se sabe ya si creerle o no. Y si le hizo trampa a un colega Presidente, no sería raro que haga lo mismo con otros. Pero hay que ser sinceros, las aguas de la política son, por lo general, turbias, ya sea en La Paz como en Washington o Beijing. Pero vanagloriarse de actuar de manera contraria a la moral es un extremo innecesario, que sólo demuestra que el presidente Morales cree estar por encima de la corrección y de la ley. Un Mandatario con tanto respaldo popular y poder empieza a cometer excesos que son incluso contrarios a sus propios intereses.

Fuente : Enlaces Bolivia

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