jueves, 16 de octubre de 2014

Bolivia: Un triunfo con alcance regional

“Patria sí, colonia no” fueron las palabras que reflejan no sólo el sentimiento de Evo Morales Ayma tras el arrollador triunfo que lo vuelve a situar al frente de Palacio Quemado en Bolivia, para el período 2015-2020, sino que la visión de un país que está sirviendo de modelo político y económico,  para un continente con desafíos de envergadura y lograr así la satisfacción de su población.
Con un 60% de los votos,  Evo se alzó con el primer lugar en una victoria que nunca estuvo en duda y que según las propias palabras del reelecto mandatario boliviano, debatían en estas elecciones dos modelos de desarrollo: la privatización y la nacionalización. Evo Morales  no olvidó a la hora del triunfo a dos dirigentes de los cuales reconoce una amplia influencia: el fallecido Comandante Hugo Chávez Frías de Venezuela y Fidel Castro Ruz , veterano Comandante cubano, cuyo legado permanece inalterable. Además, dedicó  la victoria “a todos los pueblos en América Latina y el mundo, que luchan contra el capitalismo y contra el imperialismo” señalando con ello que esta elección tenía alcances más allá de la mediterránea nación andina.
Efectivamente, la victoria de Evo Morales tiene un alcance regional,  pues implica consolidar procesos de cambio en gran parte de los países latinoamericanos,  donde se están definiendo gobiernos y modelos de desarrollo distintos. Tal es el caso de Brasil y Uruguay, que resultan fundamentales a la hora de consolidar,  a su vez, procesos de integración tanto en el ámbito político, energético como económico en esta parte del mundo. Al asumir su tercer mandato, en enero del 2015, Evo Morales se convertirá en el presidente que más tiempo ha gobernado en la nación andina desde la creación de Bolivia el año 1825, consolidando de esta forma la democracia representativa en un país acostumbrado a asonadas, manejos gubernamentales de la derecha y la expoliación permanente de sus recursos naturales con la complicidad de la clase política, económica y empresarial, que antes de Evo y su gobierno solían desviar las riquezas a una minoría de la población o simplemente en oficinas de multinacionales ancladas fuera de las fronteras de Bolivia.
El triunfo de la dupla Evo Morales – Álvaro García Linera consolida un proceso de cambios que se inició el año 2005 cuando el MAS accede por primera vez a la primera magistratura de Bolivia, mostrando en estos años,  que el famoso desgaste del cual suelen hablar los analistas políticos no es real cuando quien gobierna lo hace en virtud del beneficio social. Con medidas tomadas en el ámbito de la distribución de las riquezas, de reestructurar las relaciones sociales dando preeminencia a la participación de aquellas capas sociales postergadas durante décadas, el gobierno masista permitió bajar los índices de pobreza extrema de un 38 a un 18%, que es el resultado de políticas sociales impulsadas por Evo con una política macroeconómica fuerte y con proyección, apuntalada por la riqueza energética puesta al servicio de un proyecto-país.
En ese plano, el Bono Juancito Pinto, el Bono Juana Azurduy, la denominada Renta Dignidad,  han sido expresiones concretas de un dinero bien utilizado en provecho de la población, que ha garantizado protección al sector de la tercera edad y evitando  también la deserción escolar, realzando de ese modo la importancia de la educación en el plano de fortalecer a la población, bajo el convencimiento que una sociedad con acceso a los medios de comunicación, a los canales educativos gubernamentales, a la posibilidad de estar inmersos en el proceso de cambios que vive Bolivia, es un pueblo que daría su apoyo a un gobierno,  que ha cumplido gran parte de las metas propuestas. Ese es un plus de enorme importancia a la hora del recuento de votos: elevar la dignidad de una población y otorgar las posibilidades que permitan crecer individual y socialmente.
Una muestra del cambio de estas elecciones se observa también  en el mapa electoral con un crecimiento en los porcentajes de adhesión de Evo en ocho de los 9 departamentos de este país. Con un triunfo en el otrora Departamento opositor (y hasta con acciones destinadas a tratar de desmembrar la nación boliviana) como es el caso de Santa Cruz donde Evo logró el 50% de los votos, en comparación al 4%  obtenido el año 2005 pero, donde el gobierno debe observar también, con preocupación, que así como se aumentó en Departamentos tradicionalmente opositores, también se disminuyó el porcentaje de adhesión en los departamentos altiplánicos,  donde suele radicar el núcleo duro del apoyo a las políticas del MAS.
Igual preocupación hay que tener en cuenta,  a la hora del análisis más fino, con una  derecha boliviana que sigue manteniendo un apoyo electoral que se sitúa en el 30%, que no genera más daño por el enorme caudal de votos conseguido por el MAS y su propia dispersión como oposición  pero que es un llamado de alerta a estudiar de qué manera se logra una sociedad aún más inclusiva,  con sectores que ideológicamente parecen estar atrapados por un discurso a contrapelo de las propias necesidades del pueblo boliviano.
El periodista y ex Ministro de Hidrocarburos del primer gobierno de Evo Morales, el analista Andrés Soliz Rada señala, que con el triunfo de Evo se demuestra una política social acertada “con la inclusión social del pueblo indo mestizo, la que completó avances significativos logrados por el MNR con la Reforma Agraria y el Voto Universal y por CONDEPA… otro de los aciertos de Evo y que avalan el por qué de su triunfo reside en haber impulsado proyectos estratégicos que los capitales privados no estaban dispuestos a ejecutar. Es el caso de la petroquímica, por ejemplo, al que se suma el anuncio de avanzar en la instalación de un reactor nuclear. Lo anterior ha requerido, como condición previa, rescatar al Banco Central de manos del FMI, que impedía que nuestras reservas internacionales sean usadas para desarrollar al país. No menos importante ha sido su capacidad para derrotar a la Nación Camba, que postulaba el separatismo, así como al ultra indigenismo de las ONG, que pretendía disgregarnos en 36 inexistentes naciones”
Lo mencionado respecto al indigenismo extremo ha sido un elemento tratado con suma inteligencia por Evo y su gobierno, evitando de esa forma el doble juego de ese indigenismo a ultranza, que dentro de sus diferencias de cosmovisión se unía en los fines con la derecha reaccionaria boliviana, que ha buscado, en el plano de su intereses, fragmentar a Bolivia en una supuesta y artificial Nación Camba situada en la media luna oriental con los Departamento de  Pando, Beni, Tarija y  Santa Cruz (es decir de blancos,  en este imaginario artificioso y  racista) y un país Colla (indígena) con los restante cinco Departamentos en que está dividió el país andino.
Para Soliz Rada “felizmente, el indigenismo a ultranza ha sido detenido, aunque existen resabios de enfrentamientos entre pueblos, comunidades, alcaldías, cantones, cooperativas y núcleos interculturales. Evo habla cada vez con más frecuencia de unidad nacional y este es el camino que debemos seguir. El reordenamiento de la justicia pasa por fijar los límites de la justicia comunitaria, en cuyo nombre aún  se habla de chicotazos y se cometen avasallamientos en minas y propiedades agrarias”. Tarea fundamental, para esta nueva etapa del mandato dado a Evo Morales y Alvaro García Linera.
La victoria del MAS, es también el premio a una forma de hacer política distinta a la que se venía haciendo en Bolivia. Es una conquista para las posiciones latinoamericanistas,  donde los esfuerzos de unidad y comunión de intereses han implicado aunar esfuerzos entre gobiernos con lazos muy fuertes: Ecuador, Brasil, Venezuela, Uruguay y Argentina. Entre ellos y los organismos de unión en le plan o político y económico que se han creado, permiten un marco de actuación conjunta en el plano internacional, que le ha dado otro sello a nuestro continente y ha signado a esta parte del mundo con otro valor. Ese, es también uno de los resultados de la victoria de Evo Morales Ayma en las presidenciales del 12 de octubre.

Fuente : Diario UChile

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